Yuyu Feifel: de vuelta a la poesía


¿Cómo que de vuelta a la poesía? Pues sí. Es muy posible que si han llegado hasta aquí sea gracias a mi plataforma @yuyufeifel donde por un poco más de cuatro años he compartido con ustedes mi trabajo como orfebre y joyera. Siempre me he considerado una artista multidisciplinaria, toda la vida me he dedicado a diversas formas de crear pero la original; y a la que ahora estoy dispuesta a darle la visibilidad que merece, es la escritura.


El primer cuento que escribí se trataba sobre una niña a la que le fascinaba mojarse en la lluvia y brincar en los charcos que se formaban en su patio. Lo escribí en el papel de la libreta de caligrafía, porque estaba aún en escuela elemental, le dibujé una portada en papel de construcción y lo grapé todo junto. Recuerdo la alegría de haber traducido en aquellas líneas la misma felicidad que sentía cuando llovía en la serranía. En ese momento era yo una ávida lectora (esta versión adulta de mí desea mucho poder leer con la misma devoción que en aquellos días) así que mi cabeza estaba llena de historias y magia, mi madre decía que tenía yo una imaginación “volátil” una palabra interesante para una niña de algunos 8 años. La escritura se volvió una parte de mi cotidianidad cuando alcancé la secundaria ya no podía imaginar mi vida sin mi libretita y la pluma que me regaló mi Oma. Cuando llegué a la escuela superior, fue entonces que la vida con sus vueltas y la vorágine de esos tiempos de adolescencia, convirtieron las páginas en mi refugio; los versos y los cuentos pulsaban dentro de mí. A los 18 años entré al Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras. Fui 1 de 12 estudiantes de nuevo ingreso, solo 2 veníamos del oeste de la Isla y de esas 2, solo yo fui parte del sistema público de enseñanza; en el que en sobre 12 años de estudio no leí una sola novela en el aula y ni hablar de poesía. Tardé un año en entender que esa vida académica no era para mí y tardé cuatro años en terminar el bachillerato. En el verano del 2018 escuché las campanadas de la torre por última vez, puse la pluma no sé dónde y dije “no voy a escribir más”. Novelas inconclusas, personajes perdidos en el silencio, rimas mudas que nadie escucharía… Fue una decisión radical renunciar a hacer lo único que le daba verdadero sentido a mis días, pero para entonces escribir ya no se sentía como cuando llovía en la serranía. “Hasta que no tenga algo diferente sobre lo que escribir, no escribiré.” Si me preguntan hoy a qué me refería cuando dije eso, tengo respuestas muy vagas y muy íntimas. Puedo decirles que la frustración nos lleva a actuar por impulso, yo estaba muy frustrada con la academia, con “mi arte”, con mis amores, con el país, con mi vida.



Han pasado cuatro años aún, por momentos, la vida se me llena de frustración, el país me duele cada día, mis amores andan dispersos, el arte lo veo en todos lados y con la academia hice las paces; entendí que hay espacios que no están hechos para que yo los habite, hay oídos que fueron y serán sordos ante mis palabras y hay sentires que son a prueba del tiempo. Entendí que en el silencio una puede escucharse mejor y que la vida a veces nos rompe, solo para que podamos ver lo que verdaderamente llevamos en nuestro interior. Todo eso pasó en cuatro años, todo eso sigue pasándome ahora, con la diferencia de que no sé de dónde, me ha llegado la valentía que me hacía falta para ser yo misma ante el mundo. Me han inundado unas ganas de ya no andar a escondidas, de ser más honesta, de ser cada día más yo, aunque ese yo esté cambiando y creciendo todo el tiempo. Entendí que no tengo que esperar por nada y que si se me van el resto de mis años en poner pluma sobre papel para decir lo mismo de mil maneras distintas, así ha de ser.


Regreso a la poesía comprendiendo y agradeciendo los dones con los que Gran Espíritu me ha bendecido; la constancia, la paciencia y la voluntad de tener una visión o un sueño y darle vida hasta convertirlo en algo tangible, una estrofa, un arete, un tatuaje o un cuadro. Regreso a la poesía para apalabrar los sentires, para estar más cerca de lo que nos hace humanos, para vivir con empatía, entendimiento y amor para conmigo misma y por consiguiente, todos los seres. Regreso a la poesía para reivindicarme y lo hago sin pretensiones o grandes expectativas, si me leen y sienten algo ya con eso me doy por satisfecha.


La poesía regresa a mi vida en el momento preciso en el que tengo la intención de transformar mi proceso creativo, el acercamiento a mi trabajo como orfebre y tatuadora viene desde otra mirada y nace desde otro espacio. Los poemas que pronto estarán conociendo serán la fuente de la que surge mi nueva propuesta artística, en ella las múltiples disciplinas en las que se ha dividido mi trabajo a lo largo de los años, por fin se entrelazan para expresarse desde la autenticidad y el compromiso de crear piezas únicas, llenas de amor de mí para ustedes; para que les acompañen en su camino por esta Tierra. Deseando que podamos andar juntos en constante transformación.



Aquí un pedazo sobre mis ideas acerca de cómo nacen algunos poemas...


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