Sobre el dolor


Me reconozco como un ser sumamente sensible. Es una realidad innegable para mí y esto en un sin número de ocasiones me ha llevado a encontrarme en momentos de profundo dolor y frustración; ya sea por experiencias propias o de mi entorno. Con los más recientes acontecimientos en nuestro país (Puerto Rico) tras el asesinato de Rosimar Rodríguez y la reafirmación de que el estado de emergencia ante la violencia de género es necesario, que la ineptitud de nuestro gobierno ante esta situación es evidente y que nuestra crisis de falta de empatía social es papable, tengo que reconocer que me siento destrozada y esperanzada. Estoy segura que de esta misma manera se sienten miles de mujeres, personas con útero y mujeres trans en el país y en el mundo. Tratar de describir este sentimiento me es casi inefable, pero al intentar ponerlo en palabras, siento que es un dolor, profundo, viejo y pesado. Siento que es un dolor que arrastramos como un lastre por siglos y siglos y generaciones y generaciones. Que este dolor en algún momento lo sintieron nuestras madres, y sus madres y las abuelas, y la madre de sus abuelas, y así por todo un linaje hacia arriba que pesa mucho. Se ve y se siente; en los ojos y en la tierra. Una llora la muerte ajena, porque es casi nuestra misma muerte. Porque, podría ser yo, pero no lo es, pero sigue siendo una pérdida, no la mía pero la de alguien, que como yo, quería seguir viviendo, quería seguir soñando y amando. Y no solo es una, son treinta que pesan, en todos los corazones de quienes sabemos que, vivir con miedo no es vivir.

Así que, sabiendo que soy así, sensible y que la empatía me trae hasta aquí, no me queda más que sentirlo, sentirlo todo, porque es real, está ahí y voltear la vista al otro lado es imposible, además que eso endurece el corazón y tener un corazón tierno y abnegado en un mundo como este es un acto de coraje y valentía. Así que me siento con una taza de café o dos y lloro y leo y veo. Ahora, como artista pienso, medito y rezo:


que estas manos sirvan para construir desde el amor,

desde el entendimiento y la compasión

que estos ojos nunca sean ciegos ante la injusticia,

que siempre puedan ser testigos

de actos valientes de amor

que mi entendimiento sirva de herramienta,

que mis oídos siempre escuchen la voz que pide ayuda

y mi boca pueda responderle con certeza

que los dones que en mí se manifiestan estén al servicio de mí comunidad

y que sea el servicio, el amor y la compresión

el motor creativo


Pienso que solo así, solo haciendo este rezo mi realidad, estaré cumpliendo con el llamado de mi corazón. La sensibilidad no es una debilidad. Por eso creo en la fuerza de mis hermanas y en sus luchas, porque nacen no solo de la razón, sino también del sentimiento.

Aún estoy buscando el medio por el cual canalizar este dolor, estoy permitiéndome sentirlo porque sé que pronto voy a transformarlo, ya no será mi lastre, será arte, será política. Por ahora abrazo este sentir que es mío y de todas. Las acompaño y nos acompañamos en el duelo, las acompaño en el coraje, en el deseo de cambio, en el grito y la urgencia. Si cierro los ojos veo las llamitas que arden bien adentro de cada una (y de une) veo como se multiplican como estrellas en el cielo. La llamarada es cada acto de cada día de nuestras vidas en el que le quitamos un ladrillo a este imperio que es el patriarcado… y ladrillo a ladrillo, en la calle, en la casa y en la cama, el imperio cae.

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