Luna consciente; mi transición a pads de tela para la menstruación


La menstruación es una de los procesos más importantes de un cuerpo con útero. Como mujer y persona menstruante, reconozco que mi acercamiento hacia este proceso ha ido cambiando con el paso de los años, especialmente desde el 2015 hasta el presente. Desde un punto de vista monetario, siempre me ha incomodado y hasta molestado el hecho de que los productos de cuidado personal para esta fase de nuestro ciclo natural sean taaan costosos y para muches completamente inaccesibles. Por otro lado, desde un punto de vista ecológico siempre he pensado que algo que es natural y normal para nosotres les menstruantes no debería resultar en un impacto adverso para el planeta. El problema actual con respecto a los productos de cuidado personal para personas menstruantes, se podría abordar desde el aspecto social, económico y ecológico.


La estigmatización que sufrimos las mujeres y personas menstruantes por simplemente vivir un proceso natural en nuestros cuerpos es innegable y se remonta a cientos de años en los que se ha tildado de ´´impura´´ o ´´sucia´´ la sangre que emanamos una vez al mes. Socialmente, se nos ha impuesto la noción de que la menstruación es un tabú, que nadie se debe enterar cuando estamos en esos días del mes y esto es algo de lo que se benefician las industrias que fabrican los productos de cuidado personal y el sistema capitalista que domina tantos aspectos de nuestras vidas. Las toallas sanitarias y tampones se mercadean actualmente con un mensaje dirigido a perpetuar la importancia de ser discreta y de esconder la realidad de nuestros cuerpos. La comercialización de las toallas sanitarias y tampones proponen una alternativa que te permite seguir con tu día como si no pasara nada, puedes ir a trabajar y continuar con tu ajetreada agenda porque ni se notará que te bajó la regla. Esto es perfecto para las industrias, porque no tienes que pausar, puedes seguir siendo ´´productiva´´ al tiempo que te vuelves dependiente de un producto que necesitarás todos los meses por un aproximado de 40 años. Si nos ponemos a sacar números acá (en un más o menos) si tu compra total de productos sanitarios es un total aproximado de $8.99 mensual por cuarenta años, para cuando llegue tu menopausia le habrías dejado a esta industria $4,315.20. Voy darte un momento para que internalices esa cifra...

Ok, dejando de lado la cifra en dólares que nos cuesta menstruar en este lado del mundo, pensemos un momento en el impacto ecológico. Suponiendo que compras un paquete de 36 toallas sanitarias en cada menstruación, dentro de cuarenta años habrás utilizado 17,280 toallas sanitarias y todas terminaron en la basura después de haber sido útiles una sola vez durante un par de horas. Claro está, estos números varían de persona a persona, pero un poco menos o un poco más, sigue siendo mucho dinero y mucha basura. Y podemos llegar a pensar, pero las toallas sanitarias son de algodón! Pues sí, pueden serlo, pero aunque no lo creas ese algodón en muchas ocasiones contiene partículas de plástico que posibilitan el que se mantenga comprimido y absorba más, mientras que las famosas alitas son hechas con fibras de polyester (plástico) y no olvidemos las envolturas que también son de plástico, obviamente. Es por esto que es importante iniciar una conversación sobre cómo queremos manejar nuestra sangre y cómo queremos disponer de ella, manteniendo una relación íntegra con el ambiente y nuestra economía. Poco a poco se ha visibilizado más en distintos medios, el uso de copas menstruales y toallas de tela como alternativas no tan nuevas pero sin duda efectivas. Recuerdo que cuando estuve en Alemania, me senté con mi Oma (abuela) a comer pastel y tomar té mientras le contaba que próximamente me iba a llegar mi periodo y si estaba bien que tendiera mis pads de tela junto a la calefacción del baño. “Toallas de tela, pero si eso era lo que usaba yo de jovencita... ¿eso ha vuelto?” me dijo mirando sobre sus espejuelos. Pues sí! Y entonces procedí a contarle como para mí el utilizar toallas de tela y la copa menstrual no solamente ha resultado en una reducción en mis gastos monetarios y producción de basura, sino que también me ha permitido establecer una relación distinta con mi periodo. Antes vivía distanciada de este proceso, lo veía como un tedio, un “castigo” sin razón. Entendí que es simplemente naturaleza, es mi cuerpo, es mi sangre y es parte de mí y que en la medida en que mejor me relacionaba con su llegada mensual mejor me sentía cada vez que llegaba. Entendí la importancia de pausar y de notar como este proceso es necesario para mí a nivel emocional, como el periodo me permite ser compasiva conmigo en un mundo que solo quiere que sea productiva. Sobre todo me permití tener contacto con mi sangre y saber que soy poderosa, que no es basura, ni sucia o impura. Comencé a usar toallas de tela por economía y ecología, pero más allá de eso me sirvió como una reconciliación. No pretendo que sea así para todes, pero solo les comparto cómo es para mí. Las toallas de tela me permiten observar mejor qué tipo de flujo tengo en el ciclo presente, puedo lavarlas a mano con el jabón de mi preferencia y puedo disponer de esta agua como mejor me parezca. Suelo ofrecer esa agua en la que las lavo a mis plantas, para mí es como una ofrenda a la tierra, es perpetuar su vida al fertilizar el suelo en el que yo misma he plantado la semilla. Hace un año comencé a usar la copa menstrual por curiosidad. En lo personal puedo decirles que es sumamente práctica, cómoda y me gusta mucho poder ver exactamente la cantidad de sangrado por onzas. Claro, no para todas las mujeres o personas menstruantes es igual, creo que es cuestión de confianza en tu cuerpo y respetar lo que más cómodo sea para ti. Hay ciclos en los que no quiero usar la copa, casi siempre son los más intensos también en el aspecto emocional y solo quiero permitirme soltar, en esos casos siempre tengo mis toallas de tela, mis fieles aliadas. Con esto quiero decirles, que existen alternativas que nos permiten pasar una experiencia de sangrado más gentil hacia nuestros cuerpos, nuestra economía y cuidado propio. A todes a les que les he podido hablar sobre mí experiencia les he recomendado que lo intenten a su conveniencia. Primero tal vez con los pads de tela, en días que vayas a estar cómode en tú casa, que puedas lavarla, tenderla y cambiarla cuantas veces necesites. Que uses ropa ligera en esos primero intentos y observes tu flujo para saber qué tipo de pad es mejor para ti. También siempre digo que debemos ser más compasives con lo que son las manchas, no hay nada de malo en ello y nada que agua oxigenada, backing soda y una tendida al sol no puedan solucionar. Sé que es un proceso, una transición que no solo implica cambios en nuestra rutina sino en nuestra disposición mental hacia esta fase natural de nuestros ciclos. Toca desaprender y reconciliarnos con una de las cosas más sagradas; pero hablando solo por mí, puedo decirles que vale todo el esfuerzo. Tengan esta conversación consigo mismes y sus allegades. Mi compañere sabe siempre cuando estoy en mi luna, respeta el ver mis toallas tendidas y ni me mueve de lugar el frasco donde las limpio, me ha visto ofrendar esa agua roja a mis plantas y me permíte pasar por esta etapa con libertad y entendimiento, porque le he hecho parte de la misma y de su boca a salido “eso de que todas las mujeres en regla son insoportables no es verdad”, lo que prueba que los mitos se disuelven si se aclara la verdad. Le he mostrado que todas las emociones y peticiones durante mi periodo son válidas y le he explicado lo que sucede en el cuerpo no solo fisiológicamente sino emocionalmente de forma que pueda entenderme y respetarme. Del mismo modo, deseo que pueda ser así para todas y todes. Como siempre quedo a su disposición para conversar y abrir espacios de diálogo y sobre todo solidaridad al rededor de nuestra sagrada ciclicidad.






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